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Leidenschaften

Angue and Van

Primera Parte


Youji había estado en el baño por horas, como siempre que estaba a punto de salir con otra de las chicas que babeaban atrás de él en la florería. Sólo Dios sabe por qué necesitaba tres horas para prepararse para una simple cita, pero él insistía en que necesitaba ese tiempo, y que no permitiría ser molestado mientras tanto.

Ken y Omi habían salido, así que la fila que solía formarse en la puerta esperando que terminara el "tiempo de baño"de Youji era mucho más corta ese día. Consistía en sólo Aya, y un Aya muy molesto.

— ¡Youji! —gritó mientras aporreaba la puerta por séptima vez en la última hora—. ¡Salí de ahí! ¡Ya tuviste tiempo suficiente!

Aya oyó un gruñido desde el interior del baño, y la voz normalmente amable de Youji replicando enojada:

— ¡Andá al carajo, Aya! ¡Todavía no terminé!

— ¡No terminaste una mierda! ¡Terminaste porque yo dije que terminaste! —contestó Aya, y forzó el picaporte y abrió la puerta de un golpe, sin siquiera pestañear cuando la hizo golpear contra la pared.

Dentro encontró a un Youji un poco shockeado, vestido sólo con una toalla apenas sostenida en torno a sus caderas, cepillo a medio camino en su pelo. Se quedó ahí mirando boquiabierto a Aya, demasiado sorprendido de que el pelirrojo hubiera irrumpido así como para hablar. Aya le devolvió la mirada de asombro frunciendo el ceño.

— Salí. Ya. Mismo.

La sorpresa tardó un momento en desaparecer de la cara de Youji, pero fue pronto reemplazada por furia. Dejó lentamente el cepillo y giró para enfrentar del todo a Aya, avanzando un paso de forma de mirarlo desde arriba, como si su mera estatura fuera una intimidación.

— No te atrevas a decirme lo que tengo que hacer en mi tiempo libre —siseó, los dientes apretados, el labio superior alzándose un poco.

Aya permaneció donde estaba, ni un poco asustado de un Youji furioso.

— Salí.

Lo repitió calmadamente, el ceño aún fruncido, la mano y el dedo extendido apuntando a la puerta a modo de énfasis.

Su expesión no cambiaba, hasta que sorpresivamente Youji le aferró la pechera de la remera y tiró de él hacia arriba, dejándolo parado en puntas de pie. Sus ojos se abrieron más, no había esperado algo así, y un fugaz jadeo escapó de su garganta.

— Estoy harto de que me digas qué mierda hacer todo el tiempo, Aya —gruñó Youji, su mano libre cerrándose en un puño tembloroso, la idea de golpear el eterno ceño fruncido de Aya pasando por su mente.

Aya recuperó enseguida su expesión de enojo y agarró la mano de Youji, tratando de aflojar la presa en su camisa.

— Alguien tiene que decirte tres carajos qué hacer o vos cagarías cada misión y pasarías tu tiempo paveándote como una nenita.

Sus palabras fueron una bofetada a la paciencia que pudiera quedarle a Youji, y su puño fue a estrellarse contra la mejilla de Aya, empujando su cabeza a un costado. Una interjección de asombro salió de la boca de Aya justo antes del gruñido, seguido por un puñetazo dirigido al estómago expuesto de Youji.

Pero Youji era demasiado rápido y atrapó el puño antes que lo golpeara, usándolo junto con la otra mano que aferraba la camisa de Aya para apartar al otro lejos de su cuerpo, mandándolo a chocar contra la pared del corredor. Aya sólo vaciló un momento antes de estar de nuevo de pie y tratando de golpear a Youji, pero de nuevo, Youji fue demasiado rápido para él y Aya fue empujado de nuevo, esta vez contra la puerta de su cuarto, que se abrió con un crujido cuando chocó con ella, para terminar desparramado en el piso.

Youji apareció en el vano de la puerta, irguiéndose sobre Aya, una expresión atemorizante en su cara que el otro jamás le había visto. De alguna manera se las había compuesto para que la toalla permaneciera en su lugar alrededor de sus caderas, y se reclinó contra el marco de la puerta, los brazos cruzados.

— ¿Fue suficiente? —preguntó, su voz reflejando su triunfo sobre su "líder".

Aya lo miró con ojos fulgurantes y entrecerrados desde el piso, en sus mejillas un leve rubor de vergüenza por haber sido vencido,

— Cretino —siseó, y Youji meneó la cabeza, los brazos descruzándose mientras se adelantaba para volver a agarrar la pechera de la camisa y obligándolo a pararse de un tirón.

— En tu lugar, yo no llamaría "cretino" al tipo que acaba de darte una paliza —dijo, su puño cerrado, listo para "corregir" cualquier epíteto que Aya pudiera darle.

Pero esta vez fue Aya el más rápido y su rodilla subió directo al estómago de Youji, haciéndolo tambalearse hacia atrás, doblado sobre sí mismo y tosiendo, sólo para recibir un duro codazo de Aya en plena espalda. Eso lo tiró al suelo, pero no antes de que pudiera girar y enlazar las rodillas de Aya, haciéndolo caer también. Aya dejó oír un gruñido al caer, tropezando con las piernas de Youji y yendo a terminar sobre él, las piernas abiertas a cada lado de las del otro.

Fue el shock lo que mantuvo a Aya ahí por un momento, mirando estupefacto la cara de Youji, un espejo de su propia sorpresa, el sobresalto escondiendo el dolor de los dos. Estaba tendido sobre Youji de una forma tal que presionaba todos los lugares que se habrían sentido fantástico si Youji hubiera sido una chica. Y la toalla, notó Aya, había caído en algún momento de la pelea y había quedado a mitad del pasillo, dejando un Youji muy desnudo en el suelo bajo él. Advirtió que los dos seguían jadeando por el esfuerzo de la pelea, pero deglutió con fuerza tratando de borrar otra sensación que empezaba a crecer en su pecho.

La cara de Aya se puso tan roja como su pelo al reparar en que a su cuerpo no le importaba si Youji era una chica o no, empezando a responder al contacto íntimo, y se sonrojó aún más cuando la mirada de asombro de Youji se transformó en una suave sonrisa. Aya sabía que Youji podía sentir su incipiente erección presionando entre sus muslos.

— Um... —Aya murmuró algo que Youji no pudo entender, la pelea olvidada, y se impulsó hacia un costado para apartarse de él antes de que Youji decidiera decir nada. La pelea había ido demasiado lejos y el asunto se empezaba a poner serio. Pero cuando las manos de Youji le aferraron los brazos y lo obligaron a bajar de nuevo, descubrió que no podía resistirse. Parpadeó, mirando rápidamente a Youji, el shock todavía muy presente en su expresión. Youji también parecía shockeado aún, como si recién empezara a comprender lo que había pasado. Deglutió con esfuerzo, el corazón batiendo en su pecho, pero su mente controlando sus emociones. La cara tan joven de Aya, por una vez con otra expresión que no era de enojo, y la manera en que sus cuerpos se estaban tocando y excitándose mutuamente hizo que Youji arrojara de su mente lo que estaba pensando y siguiera el impulso de su deseo.

Así, Aya no pudo resistirse cuando Youji lo obligó a inclinarse más, los ojos cerrados cuando sus labios se rozaron, la espalda de Aya tensándose y envarándose. Youji presionó los labios de Aya convirtiendo el roce en un beso, contra la tensión de Aya, y sus brazos subieron para mantenerlo en su lugar, sin importarle las consecuencias que aquello pudiera traer. Aya dejó oír un eco de protesta que se ahogó en su garganta al sentir la lengua de Youji deslizándose sobre sus labios, pidiendo ser admitida, y separó inconscientemente sus labios, suspirando quedamente cuando el beso de Youji se hizo más profundo. Y se descubrió besándolo también, su propia lengua buscando y encontrando la de Youji, sus manos dejando el piso para enredarse en el sedoso pelo de Youji, sus ojos cerrándose finalmente, envuelto en el placer del momento.

Aya cerró los ojos, para bloquear el hecho de que estaba besando apasionadamente a....

Entonces, repentinamente, Aya forcejeó y se enderezó, asombrado de que se hubiera permitido hacer algo así. Con Youji. Con otro hombre. Cuando ni siquiera lo había hecho mucho con chicas...

Youji jadeaba por los efectos del beso, sus brillantes ojos verdes llenos de interrogantes cuando Aya se apartó. Había disfrutado ese beso y las manos en su pelo, la idea de sus propias manos sujetando el trasero de Aya, la sensación de Aya tendido sobre él. Casi le habría gustado saber cómo se sentiría tener a Aya "bajo" él. ¿Casi? No...

Él quería saber, y no iba a permitirque un asomo de timidez le impidiera saberlo.

— Aya... —dijo suavemente, sus manos sosteniendo a Aya en su sitio mientras él se sentaba, dejando al otro sentado sobre sus muslos, creando una sensación interesante. Lo hizo desear que los jeans negros de Aya estuvieran en la otra punta del planeta en ese momento. La cara de Aya era una mezcla de embarazo y vergüenza cuando enfrentó los ojos de Youji, sin intentar apartarse, pero no del todo seguro de que ése fuera el lugar donde quería estar. Por una vez, no pudo encontrar qué decir, su cabeza una montaña rusa de pensamientos y sentimientos, todos confundidos de una forma en la que no podía discernir nada de ellos. Nunca había hecho esto antes... Se supone que los hombres no lo hacen... Le diría a Youji que mantuviera sus manos en las chicas y lejos de él. Deberían cerrar la puerta por si Ken y Omi volvían...

Pero todos sus pensamientos fueron hechos a un lado cuando Youji aprovechó el momento de vacilación de Aya y volvió a besarlo, y el único pensamiento que prevaleció fue lo bien que se sentían los labios de Youji contra los suyos. Se permitió besarlo a pesar de sus nervios, y dejó que sus manos vagaran de vuelta hasta el pelo de Youji, los dedos deslizándose a través de los largos mechones. Permitió que los dedos de Youji desabrocharan los botones de su camisa, que la abrieran luego y la empujaran por debajo de sus hombros...

Pero cuando sintió que estaba siendo reclinado hacia atrás hasta quedar acostado sobre su espalda con Youji tendido sobre él, besando su cuello, puso ambas manos en el pecho de Youji y lo empujó para que se detuviera. Youji lo hizo, aunque no quisiera. Observó la cara de Aya un momento, ladeando la cabeza.

— ¿Qué pasa? —preguntó, su voz apenas un susurro, como si temiera que alguien más pudiera oírlo, aunque ambos sabían que no había nadie más en la casa. Tal vez Youji estaba tan nervioso como Aya...

— Nunca hice esto antes... —dijo Aya deglutiendo, el leve rubor en sus mejillas creciendo. Quería que Youji creyera que nunca antes había hecho algo así con un hombre, pero supo por la expresión de Youji que el otro sabía que Aya tampoco había estado con ninguna mujer antes. Admitir esto ante el hombre que se había acostado con al menos cien mujeres no era algo que él hubiera querido. Esperando que Youji se riera de él, Aya volvió la cara para no tener que verlo mientras lo hacía, pero no hubo risas. Sólo la blanda sensación de su pelo siendo apartado de sus ojos y la suave voz de Youji haciendo que sus mejillas se encendieran aún más.

— Tendré cuidado...

Aya alzó la vista hacia Youji al escucharlo, una sonrisa recibiendo su mirada, y se relajó y dio la bienvenida al nuevo beso. Sin vacilar su boca se abrió y su lengua buscó la de Youji, casi derritiéndose cuando se encontraron.

La espalda de Aya se arqueó cuando Youji finalmente lo dejó sobre el piso, la frialdad de la madera bajo él afectándolo en contraste con el beso. Youji sólo murmuró un dulce sonido ante la reacción de Aya al suelo frío y se tendió sobre él, apretándolo contra la madera. Aya se relajó, entibiando la madera con el calor de su cuerpo, suspirando cuando los labios de Youji dejaron su boca para resbalar nuevamente por su cuello, lamiendo la piel suave, luego más abajo. Aya se tensó de sorpresa, dejando escapar un breve jadeo al sentir los labios en su pecho, para luego ceder a un tembloroso gemido mientras Youji movía su boca y su lengua y sentía la tierna carne endurecerse entre sus labios.

La otra mano de Youji se movió sobre su corazón al mismo tiempo, acariciando y pellizcando hasta sentir que Aya se estremecía bajo él. Entonces alzó la cabeza para reclamar los labios de Aya, mientras su mano bajaba para abrir el cierre de los jeans de Aya, aflojándolos lo suficiente para deslizar una mano en su interior...

Aya jadeó de nuevo y su cuerpo se envaro al sentir los dedos de Youji explorando esa zona, su mano cerrándose y acariciándolo suavemente primero, con más firmeza a medida que los gemidos empezaron a escapar de la garganta de Aya.

Presionó dentro de la mano de Youji, sus caderas meciéndose, su cabeza cayendo hacia atrás y sus ojos cerrados con fuerza. Nunca había sido tocado por nadie ahí, salvo eventualmente por sí mimo, y esto se sentía tanto mejor.

Tan bueno, que quiso devolver el favor. Su mano bajó por el estómago de Youji, arrancándole un quejido cuando su pulgar resbaló por la piel tan sensible. Youji hundió la cara en el hueco del hombro de Aya, besando y mordiendo mientras se acariciaban, simplemente disfrutando el sonido de los gemidos de los dos. Pero muy pronto Aya se detuvo y retiró su mano, ganándose airadas protestas de Youji, pero que no se prolongaron. Aya apoyó ambas manos en el pecho de Youji y lo empujó hasta tenderlo de espaldas. Youji lo miró interrogante, él sólo le sonrió y se inclinó. Youji jadeó sorprendido cuando la boca de Aya se cerró sobre él. De inmediato sus manos bajaron para enredarse en el pelo de Aya, sus caderas alzándose instintivamente. Aya se atragantó. Notándolo, Youji aflojó las manos pidiéndole disculpas con una sonrisa. Aya sonrió también y volvió a inclinarse, tomando lentamente más y más en su boca, ignorando la sensación de rechazo que sintió en el fondo de su garganta.

Con mucho cuidado, Youji intentó introducirse en la boca de Aya, lentamente al principio, luego con más ímpetu, al ver que Aya empezaba a disfrutarlo tanto como él. Se alzó apoyándose en un codo para poder mirarlo, y verlo sólo aumentó su placer y sus quejidos. Era muy bueno que no hubiera nadie más en casa...

Pronto, sin embargo, Youji se sintió demasiado cerca del límite, y no quería que aquello terminara aún. Se sentó sujetando a Aya al mismo tiempo, cubriendo su boca en un beso húmedo mientras sus manos empujaban el jean negro más allá de las estrechas caderas de Aya.

Volvió a acariciar a Aya, sonriendo ante los breves sonidos de placer que escapaban del pelirrojo. Entonces, lentamente su mano libre presionó la parte interna de una de las piernas de Aya, un silencioso pedido de que las abriera un poco más. Cuando Aya lo hizo, la mano de Youji se deslizó hacia abajo y hacia el centro, presionando la sensible entrada del cuerpo de Aya.

Aya dejó oír una interjección de sobresalto y trató de apartarse, tembloroso, pero el brazo de Youji rodeó su cintura, impidiéndoselo. La mirada en los ojos de Youji lo instaba a relajarse.

El dedo de Youji presionó más hacia adentro, retirándose, presionando de nuevo. Sumó un segundo dedo cuando sintió que los temblores cesaban y que Aya volvía a gemir. Contempló cómo Aya comenzaba a seguir el movimiento de sus dedos, su cara mostrando sólo plcer, y Youji supo que estaba preparado.

Atrajo a Aya más cerca y más abajo, guiándolo de vuelta para que se sentara donde presionaba su miembro, aún tan sensible por las atenciones de Aya, contra la apertura de Aya. Con un brazo todavía firme en torno a su cintura, Youji lo empujó hacia abajo cuidadosamente al tiempo que alzaba las caderas. Aya contuvo el aliento al sentir el dolor y sus brazos enlazaron los hombros de Youji, las uñas clavándose en la espalda mientras seguía bajando hasta que Youji estaba por completo dentro de él.

Youji se inmovilizó para que Aya pudiera acostumbrarse a la sensación, su boca buscando otro beso para distraerlo del dolor, una mano volviendo a acariiarlo donde mejor se sentía. Pronto Aya se relajaba entre besos y caricias, y Youji alzó las caderas con cuidado, observando la expresión de Aya. Al no ver rastros de dolor, volvió a moverse, esta vez con más fuerza, comenzando a hacerle el amor con fuertes gemidos y temblores.

Los gemidos de Aya se hicieron tan fuertes como los de Youji, y trató de acomodarse a su ritmo para que pudieran moverse juntos. Se apretó contra el cuerpo de Youji para no perder el contacto cuando Youji movió la mano que lo acariciaba para sujetarle la cadera, empalándolo con todas sus fuerzas.

La presión estaba empujando a Youji, y supo que no podría durar mucho más. Un último y poderoso impulso dentro de Aya lo envió más allá de todo límite y dejó oír un grito, todo su cuerpo tenso mientras terminaba.

El sonido de los quejidos de Youji y la sensación del calor derramándose dentro de él empujó a Aya a terminar sólo unos segundos desbués, mordiendo el hombro de Youji al tiempo que temblaba de placer. Youji se dejó caer sobre el piso, arrastrando a Aya con él, sus brazos estrechándolo con fuerza para prevenir cualquier idea que pudiera tener Aya de moverse de ahí por un rato.La mirada de Youji vagaba desenfocada, una débil sonrisa en sus labios, preguntándose distraído qué habría pensado la chica citada al ver que él no se presentaba. Aya se hizo un ovillo a su lado, de momento satisfecho con dejar que Youji fuera posesivo con él. Se alzó apenas para depositar un suave beso en el mentón de Youji, luego descansó la cabeza en su pecho, entregándose al sueño mientras rezaba por que Ken y Omi no volvieran hasta dentro de un buen rato. Y Youji, advirtiendo que Aya se había dormido a su lado, lo abrazó con gesto protector y descubrió, por una vez, que las chicas no le importaban, y pronto ambos estaban durmiendo.
 
  

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